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Lección 248 de UCDM - Si estoy enfermo, ¿debo negarlo y decir que todo está bien?

"Encuentro difícil de procesar este concepto pues encuentro que en la vida es importante amarnos en integridad, entonces si estoy enferma y mi cuerpo sufre, no puedo negarlo y decir “todo está bien “, porque no lo está."


Este comentario sobre la Lección 248 de Un Curso de Milagros me llegó hace un par de días. Espero que os sirva la respuesta escrita y el vídeo (al final). Bendiciones ❤️🙏💕


Lección 248 - "Lo que sufre no forma parte de mí."


* * *

Querida amiga,


Te lo voy a explicar utilizando la terminología cristiana del Curso, pero puedes sustituir los términos que menos te agraden por otros más universales. Como en todo lo demás, lo importante es el contenido, no la forma.


Tienes toda la razón en la manera en que has expresado tu comentario: pues las enseñanzas de Un Curso de Milagros no te están pidiendo que niegues lo que estás “percibiendo o sintiendo” diciendo que “todo está bien” y eso no te está afectando. Lo que sí te pide es que te abras a comprender que eso que estás percibiendo o incluso sintiendo no es “real”.


El prólogo del curso te dice desde sus primeras páginas que solo el Amor es “real” y que nada “irreal” existe. Y ello es fácil de comprender cuando piensas que Dios es Amor y Dios abarca todo lo que existe. Nada existe fuera de Dios y de su Amor. Luego puedes estar percibiendo y experimentando con tus sentidos muchas cosas, pero si no son amorosas y no coinciden con la naturaleza de Dios (amor, dicha, alegría, paz, plenitud, perfección…), esas cosas no pueden ser reales, por mucho que lo parezcan.


El Curso utiliza la analogía perfecta de los sueños nocturnos (en mis ilustraciones, yo uso también la analogía de la realidad virtual, tan de moda estos días). En los sueños nocturnos todos nuestros sentidos nos están mostrando un montón de cosas, personajes y situaciones. Estamos viviendo infinidad de experiencias, pero ninguna de ellas es real pues solo se trata de un sueño. Esas experiencias pueden estar relacionadas con situaciones o personas de nuestra vida en la vigilia, pero lo que estás viviendo en el sueño no es más que una proyección de tu mente basada en ellas, pero condicionada y tergiversada totalmente por tus propias creencias, emociones, juicios e interpretaciones, todo ello vinculado al personaje del sueño con el que te has identificado (Alberto, por ejemplo), así como su historia personal y la de todo su mundo.


En el sueño nocturno puedes verte enfermo, atacado, en todo tipo de peligros, puedes llegar a sentir dolor e incluso morir. Mientras estás dormida, piensas que esa experiencia que sin duda estás percibiendo y experimentando es “real”, pero cuando finalmente despiertas te das cuenta de que todo aquello que con tanta seguridad parecía estar ocurriéndote en verdad nunca ocurrió.


El curso está tratando de mostrarte, a través de sus enseñanzas progresivas (tienes que hacer el curso de principio a fin, tanto la teoría como la práctica), que, así como tú eres la soñadora de tus sueños nocturnos (o la creadora de los personajes y situaciones de tus novelas… lo cual sería otro buen ejemplo a contemplar J), tú eres también el soñador de tu sueño de la vigilia, el cual consideras como tu existencia real. Cuando creemos que estamos despiertos durante el día, seguimos soñando, y no somos conscientes de ello.


Pero ese Tú que sueña el sueño de la vigilia (y esto es muy importante), no es el personaje (o avatar) con el que te has identificado desde que tienes uso de memoria, sino el Ser real que en verdad eres: el santo Hijo de Dios, tan perfecto y puro como Su Padre es.


Lo único que ha ocurrido es que una parte de la mente del Hijo de Dios se ha dormido en el juego (o sueño) y se ha olvidado de Quién era, y se ha visto a sí mismo como algo separado del mundo que lo rodeaba, y ha creído que su mente estaba aprisionada en un cuerpo pequeño y limitado, separado de los otros cuerpos que veía, cada uno de ellos con su propia mente distinta de la suya, libres de pensar por su cuenta lo que ellas quisieran, libres de actuar egoístamente en un mundo lleno de carencias, limitaciones y peligros. Ahí nació el miedo y con el miedo la proyección de las pesadillas.


El Hijo de Dios se ha dormido y ha olvidado su verdadera Identidad, y se ha dejado guiar por lo que los sentidos de su cuerpo le muestran pensando que lo que ve es causa y no efecto, pensando que ese mundo es el que lo ha creado a él en vez de ser él el que lo ha fabricado y continúa fabricándolo. Y las experiencias que percibe ahora parecen tan reales que siente pánico al creerse a expensas de ese mundo enorme e incontrolable, con unas leyes despiadadas que no reconoce que él mismo ha instaurado en él, y que inconscientemente todavía sigue proyectando sobre él.


Entonces, el curso no te está pidiendo que niegues lo que estás experimentando. No te pide que digas que no estás percibiendo lo que estás percibiendo, ni sintiendo lo que estás sintiendo, pues eso sería un error que no solucionaría el problema sino que crearía aún más confusión.


Lo que el Curso te está pidiendo es que reconozcas que eso que estás viendo y percibiendo no es “real”. Puedes estar sufriendo sus consecuencias, pero ni ello ni sus consecuencias son realmente reales, se trata solo de ilusiones. Como si en una obra de teatro, los actores se hubieran olvidado de repente que están actuando y se creyesen que la obra que estaban representando (y ellos mismos habían escrito a su propio gusto y manera) es la realidad. Olvidando su identidad real más allá de la obra y cayendo inmersos totalmente en la trama de esta.


El Curso te pide que reconozcas que tú eres el soñador del sueño. Y la lógica con la que te explica todo lo que te lleva a esta conclusión final es innegable. Puedes negarte a creerlo, pero su lógica es irrefutable. No hay manera de demostrar que esto de lo que te hablo no es cierto.


La buena noticia es que la realidad más allá del sueño es tan perfecta, amorosa y luminosa como su Creador (Dios) es, y como sus Hijos todavía somos más allá de las ilusiones. Y nosotros podemos llegar a ver un reflejo de esa realidad aquí, incluso dentro del sueño, si nos abrimos a ver las cosas de otra manera. Pues lo mismo que hemos fabricado este mundo lleno de problemas, muerte, enfermedades y desastres, podemos crear un mundo que refleje la inmaculada y amorosa belleza del Ser que realmente somos.


Nosotros con nuestra mente (ya sea dormida o despierta, errada en su identidad o sabedora de sus orígenes reales) somos el soñador del sueño, y si cambia la causa errada (los pensamientos de miedo y separación) que proyecta el sueño tal como lo vemos ahora y es sustituida por la causa correcta (los pensamientos de Dios, amorosos y de unidad) que en verdad somos, los efectos del sueño cambiarán también y veremos y experimentaremos un sueño feliz, donde el Hijo de Dios juega en un mundo perfecto que solo refleja Su magnificencia y en donde todos los personajes del sueño son sabedores de la verdad.


Eso es lo que el Curso llama el mundo real o sueño feliz, el cual sigue siendo un sueño o una ilusión, pero que, al reflejar el Amor de Dios, es lo más cercano al Cielo (nuestro hogar original) que podemos fabricar y experimentar aquí.


La buena noticia es que con nosotros se encuentra desde siempre Aquel que conoce el camino y nos recuerda tal y como realmente somos. Él es nuestro guía y compañero y está a nuestra disposición, en todo momento, para mostrarnos el camino de vuelta. La intención del curso es también esta, la de que conectes con el Maestro interno, el Ser superior (si quieres llamarlo así), el Espíritu Santo, el Cristo en ti. Él te ayudará a despertar, te guiará a obrar milagros y a salvarte a ti y a todo tu mundo del sueño de falsedades que has construido. Y te ayudará a desvelar en su lugar un sueño nuevo reflejo de todo lo que ahora empiezas a recordar.


No estamos solos en esta aventura, pues solos no podríamos escapar del laberinto de ilusiones en el que nos hemos metido, que además se confirman unas a las otras al darles nosotros veracidad a su aparente existencia creyendo en ellas, y continuar así proyectándolas de esta manera en un círculo vicioso sin fin. Nosotros no tenemos que corregir los errores de percepción porque no sabríamos cómo hacerlo, pero sí estar dispuestos a permitir que Aquel que sabe y conoce la verdad (el Maestro interior) lo haga por nosotros. Lo que sí tenemos que hacer nosotros es desearlo. Y al dar nuestro consentimiento, poner nuestra voluntad al servicio de la Voluntad Divina (que no es otra que nuestra propia voluntad, la del Ser Real que en última instancia somos).


Entonces, no niegues la experiencia que estás viviendo ni lo que estás sintiendo, pero sí su realidad. No dejes de tomar medicamentos, si eso te aporta paz, pues el Maestro que te guía no quiere que sientas más miedo del que ya sientes… pues el miedo genera ilusiones. Intenta en cambio recordar que los doctores o asistentes del mundo que te están ayudando con tu problema, más allá de las ilusiones, son en verdad tus hermanos, Hijos de Dios como tú, y te aman inmensamente y, como tu Padre, solo desean lo mejor para ti. Intenta, en cambio, recordar que Dios está en ti y en todo lo que te rodea: en cada medicamento, en cada moneda que tienes que dar o recibir... Dios está en todo lo que existe, nada real existe fuera de Él.


Intenta, en cambio y sobre todo, encontrar la paz conectándote con ese Maestro interno y aprendiendo a escuchar su Voz y su guía. El curso te enseñará a hacerlo. La paz es el camino porque, a través de ella, conectas con la realidad vibratoria de tu Esencia eterna, inmortal, pura, divina. Cuando estás sintiéndote en paz en el aquí y el ahora (Instante Santo según el Curso) es cuando estás más cerca de la realidad y de Dios. Es ahí donde puedes escuchar su Voz y permitir que sane la causa errada que crea todas las ilusiones. Al hecho de reconocer la falsedad de las ilusiones es a lo que el curso llama “perdonar”. Cuando “perdonamos” lo que nunca ocurrió, dejamos de dar a las ilusiones el poder de controlar nuestras vidas.


A cualquiera que no haya oído hablar de las enseñanzas del Curso y haya estado solamente inmerso en las del “mundo del ego” (tal como denomina el curso a la creencia en la separación y en las leyes del mundo físico solamente tal como las percibimos, que somos cuerpos físicos con mentes encerradas en sus cerebros), todo esto le sonará a locura.


No hay forma de probar que estas enseñanzas (del Espíritu Santo) son falsas. Como dije antes, su lógica es irrefutable. Pero sí existe, en cambio, una forma de probar que las del ego (las leyes del mundo que hemos tomado como reales) sí lo son. Y esta prueba irrefutable nos la ofrecen los milagros (por eso se llama Un Curso de Milagros). Porque a medida que cambias tu manera de pensar poniéndola en sintonía con la de Dios, empezarás a ver milagros. Lo importante no son los milagros en sí, pues los sueños siguen siendo sueños, pero alcanzarás la paz y dejarás de sufrir, tanto tú como los tuyos, y finalmente el mundo entero. Pues los milagros serán los testigos de que lo que estás aprendiendo aquí es verdad.


Finalmente, cuando hablas de amarte integralmente, no puedo sino darte totalmente la razón en ello. El curso nos dice que estamos cargados no solo de miedos sino de culpa y de vergüenza (esto lo hallarás también en cualquier tratado de psicología). Solo el Amor real puede sanar esa locura para que podamos volver a ver la maravilla que realmente somos. Pero amarte integralmente es amarte como lo que realmente eres, más allá de tu cuerpo y circunstancias. Aceptar nuestras condiciones actuales no significa que debamos aceptar “la realidad de las ilusiones” sino el momento del proceso de aprendizaje donde nos encontramos. Todavía estamos proyectando falsedades porque todavía estamos condicionados por infinidad de creencias, conscientes e inconscientes, de las leyes del mundo del ego. NO podemos luchar contra eso porque la lucha nos aleja de la paz y de la conexión con la Voz que nos guía en todo momento. Y la lucha, en última instancia da veracidad al sueño en nuestra mente, y al poder que le hemos otorgado inconscientemente. Pero sí podemos (y tenemos que hacerlo) esforzarnos en aprender a controlar nuestra mente para que se abra a pensar de otra manera, de la manera en que nos acercamos a la verdad y nos alejamos de las ilusiones, de la manera en que el Espíritu Santo o Maestro interno va a enseñarnos.


Por supuesto, tenemos que amarnos tal como somos ahora, pero no las ilusiones que el sueño nos muestra: conflictos, enfermedades, imperfecciones, sufrimientos, carencias y limitaciones… sino lo que somos más allá de ellas. Podemos hacer las paces con ellas al reconocer que no son reales y que tal como han venido se irán en el momento apropiado. Estas imperfecciones solo son reflejos temporales (el curso también habla largo y tendido sobre la ilusión del tiempo lineal, pero no me voy a extender ahora mismo en ello) de nuestras interpretaciones erróneas, y lo mismo que las hemos puesto ahí, desaparecerán cuando dejemos de creer en lo que las originó.


Sin una causa los efectos desaparecen, si se sana el error en la mente que creó circunstancias adversas en el sueño, estas circunstancias desaparecerán también, pues habrá desaparecido la causa que las originó. No tenemos que sentirnos culpables por ello, pues estamos haciendo lo mejor que podemos con lo que sabemos, pero sí debemos aceptar la responsabilidad de lo que hemos fabricado. Si no aceptamos la responsabilidad, no aceptaremos la solución. Si no reconocemos el poder de nuestra mente, no podremos usarla para salvarnos a nosotros mismos y a todo nuestro mundo escapando de las pesadillas autoimpuestas.


En verdad, nada de todo esto ha ocurrido realmente. Solamente que el Hijo de Dios se quedó dormido y se creyó que el juego con el que estaba jugando era su realidad. Él sigue ahora mismo a la vera de su Padre, a salvo y feliz, y sin limitación alguna que pueda afectarle… Y la Voz que habla por Él y por su Padre está siempre a nuestro lado, esperando a que veamos su mano extendida, siempre dispuesta a llevarnos de regreso a nuestro hogar.


Espero que esta aclaración os haya servido, pero no hay nada que pueda superar a la realización progresiva del Curso por vosotros mismos. Os lo recomiendo de todo corazón, pues a través de ella llegaréis a escuchar directamente la guía de vuestro Maestro interior, la Voz que habla por Dios.


Mucho amor y un sinfín de bendiciones,


Alberto




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